¿En qué distrito vivo?


BERNARDO MASINI


Una de las cosas más valiosas que ha dejado este proceso electoral en Jalisco, en el que se ha desdibujado la lógica del voto absoluto por candidatos adscritos a partidos, es el hecho de que cientos de miles de personas han caído en cuenta del distrito en el que viven. Históricamente estábamos acostumbrados solo a identificar membretes, y en el mejor de los casos la mayoría de las personas conocía algo de la trayectoria de los candidatos a los cargos del poder ejecutivo (gobernador o alcalde). En cuanto a las diputaciones locales o federales, prevalecía la tendencia a votar por aquellos del mismo partido elegido para los puestos del ejecutivo. Esto daba lugar a fenómenos como que una persona arrasara en una elección para diputación local, y sin embargo fuera una absoluta desconocida para casi todas las personas que la eligieron.


En #VamosAReemplazarles tenemos ocho meses conversando con todo aquel que nos regala un minuto de su tiempo. El ejercicio ha servido no solo para presentarnos y plantearles nuestro proyecto: ha servido también para explicarle a grandes rasgos a quien nos lo permite cómo funciona el poder legislativo; cómo se distribuye la geografía electoral; de cuántas personas se compone un distrito y cuántas de ellas son electores potenciales; cuántos diputados llegan al congreso local y al federal por elección directa y cuántos por la vía plurinominal. Ha sido una experiencia gratificante. Falta mucho, muchísimo aún para afirmar que la sociedad jalisciense llegó al nivel óptimo de su madurez política y de su involucramiento ciudadano. Pero es muy alentador, al cabo de todos estos meses, ver que en las últimas semanas las personas nos abordan y nos dicen “Vivo en el distrito 12. ¿Por qué no hay un candidato de su grupo ahí”; “¿Por qué en el distrito 14 no hay un candidato de #VamosAReemplazarles para la diputación federal?”, entre otras inquietudes similares.


Más allá de lo meramente electoral, 2018 ha representado un paso al frente muy importante en materia de conciencia cívica. Al tocar las puertas de las casas; al conversar con las personas; nos han compartido su experiencia comparada con procesos anteriores. Ya no es tan fácil que el voto se intercambie por una despensa o por un tinaco. Nuestros interlocutores hoy saben que su voto es valioso, pero que ese valor no se mide con dinero o con algunos productos básicos para la alacena. Saben que el sistema político de Jalisco – y de México – necesita una intervención urgente que no puede venir de una sola persona o de un grupo de iluminados. Bien dice el refrán que al ojo del amo engorda el caballo. La sociedad jalisciense se está convirtiendo en un amo exigente, conocedor de sus derechos y de los mecanismos para hacerlos valer.


La coyuntura electoral terminará en unos cuantos días, pero no debería terminar la efervescencia participativa de quienes ya nos encontramos en las calles, en los parques o en las plazas. Si ya nos dimos cuenta de que la política es algo cotidiano y no necesariamente debe ser algo que cause rechazo o hasta repugnancia, es tiempo de tomarla en las manos de todos y moldearla en función de nuestras necesidades, pero también de nuestros sueños.