Garrafones y democracia participativa.

BERNARDO MASINI

Nos ha pasado unas cuantas veces cuando en las brigadas tocamos el timbre de las casas. A través del interfono una voz seca y lejana pregunta quién es; le explicamos que venimos del equipo de Pedro Kumamoto; y acto seguido, de manera mecánica nos contesta: “No, gracias. Ahorita estamos bien”. Admito que la primera vez que me pasó – en los días en que pedíamos firmas – estuve a punto de ofenderme. “¡Pues si no vengo a ofrecerte garrafones!”, pensé para mis adentros. Era claro que la respuesta debía leerse como “No te puse atención ni tengo ganas de hacerlo. Lo que sea que te trajo a mi puerta no me interesa. Por favor retírate.”


Luego me dio por especular y preguntarme qué implicaría esa respuesta si no hubiera sido mecánica; si con toda conciencia hubiera dicho que así, en el estado actual de las cosas “ahorita estamos bien”. Sin Kumamotos ni Juanitas ni ningún candidato independiente que necesite presentarse frente a las personas para proponerle una manera más fresca de hacer política. En tal escenario “ahorita estamos bien” significaría que mi interlocutor está satisfecho con la manera en que la clase política nos da la espalda hoy en día; que le parece correcto que un diputado en funciones jamás se vuelva a parar frente a quienes lo eligieron; que el aparato gubernamental distribuya torpe y dolosamente el erario; y un largo etcétera. Si así fuera me vería obligado a discrepar. No habría sido la única vez en que no habría estado de acuerdo con algo de lo que las personas nos dicen en la calle, pero creo que sería la más significativa. 


Casi nadie en México considera que “ahorita estamos bien”, aunque la disposición para cambiar la realidad no sea homogénea entre nosotros. Por eso, cuando la persona en cuestión nos lo permite, aprovecho para decirle que ninguno de los candidatos de #VamosAReemplazarles va a salvar al país, o al estado, o a un distrito determinado. Le digo que lo que estamos buscando es algo de más largo aliento, independientemente de esta coyuntura electoral. Le explico que estamos tratando de emocionar personas para que se permitan concebir la política como algo que no necesariamente está podrido o que conduce invariablemente a la corrupción. Que la política no se limita a lo que ocurre en las cámaras, entre personajes que pertenecen a las cúpulas de sus distintas agrupaciones; sino que se vive día a día, entre vecinos; tomando decisiones en el seno de la familia; llegando a acuerdos entre los alumnos de un salón de clases…


Lo que nos entusiasma de 2018 no es tanto el hecho de que todos los candidatos de #VamosAReemplazarles vayamos a ocupar espacios que históricamente han estado lejos de las personas. Nos entusiasma más la red ciudadana que se está tejiendo por todo Jalisco, que hoy en día involucra a miles de personas dispuestas a hacer cosas pequeñas en su casa, en su cuadra, en su lugar de trabajo. En la medida en que esto se consolide podremos sentirnos orgullosos del modelo de democracia participativa que habremos echado a andar. Seríamos ingenuos si pensáramos que un día la totalidad de las personas se involucrarán en el quehacer político. Siempre habrá uno que otro listo para contestar que “ahorita estamos bien”. Pero está a nuestro alcance lograr que esas personas sean la excepción y no la regla. En nuestro equipo constatamos día a día que el entusiasmo y la conciencia política van creciendo entre los habitantes de cada colonia que visitamos. Ello implicará el reto de sostener, o preferiblemente aumentar esta temperatura para que se vuelva el estándar de la sociedad jalisciense. La calidad y la calidez humana que se necesitan para ello nos las encontramos en las calles todos los días.