Política independiente

Alberto Vale


Era el 3 de julio de 2011 cuando escribí un texto en Facebook en el cual manifestaba mi enojo porque en mi natal Nayarit había ganado la gubernatura el candidato del PRI, Roberto Sandoval. Muchas personas advertíamos en aquel entonces lo mal que le iría a Nayarit con ese personaje y no nos equivocamos. En dicho texto hablaba de la urgencia de que personas de la sociedad civil comenzáramos a participar en la política de manera más directa por medio de algo que yo identificaba como “candidaturas ciudadanas”. Fue por medio de las redes sociales que ese mismo año me enteré de la existencia de #ReformaPolíticaYa, un colectivo que impulsaba las candidaturas independientes. La opción de que cualquier persona sin partidos políticos pudiera acceder a un puesto de representación popular era muy ilusionante, sin embargo, el gran reto sería identificar qué personas verdaderamente tendrían completa independencia de los mismos partidos. Después vino el 2012 y la llegada de Peña Nieto, la historia ya la sabemos. Nuestra generación ha atestiguado los peores gobiernos del PRI y eso sin duda se verá manifestado en las urnas en este 2018, pero ¡atención! No perderá el priísmo. Todos los partidos políticos se han dedicado a reproducir las prácticas de antaño de esa política priista que ha representado a cúpulas de poder muy lejos de los intereses de la sociedad. Hoy en día las personas creen muy poco, casi en nadie. Desde “la vía independiente” las oportunidades para equivocarse son muy pocas, se exige no ser más de lo mismo y eso significa lo que para en gran mayoría significan los partidos políticos: corrupción, abuso de poder, cacicazgos, compadrazgos y repartición de poder.


Hacer política de manera independiente es una gran responsabilidad, ya que por medio de una candidatura independiente se pueden impulsar varias agendas de la sociedad civil y al no tener una línea partidista brinda la oportunidad de buscar el consenso mediante el diálogo, la apertura, respetando la pluralidad y diversidad de ideas, creencias y preferencias. La austeridad de una candidatura independiente obliga a ir a las calles y eso es muy valioso, ya que las historias que se comparten casa por casa abonan muchísimo a mantener el compromiso de estar cerca de quienes han depositado su confianza en una opción alternativa a los partidos. Hacer política independiente también es empoderar a la sociedad para que la participación no quede nada más en campañas o en un domingo de elecciones, sino que se mantenga esa participación y que se traduzca en exigencia de resultados y rendición de cuentas hacia las y los y representantes. Es decir, avanzar del quehacer político a la generación de una conciencia en la cual comprendamos que la política debe ser una práctica diaria, en lo común, en lo cotidiano y lo colectivo.


Se ha dejado claro, las candidaturas independientes no son la panacea, simplemente son un mecanismo de participación y la sociedad es quien debe analizar quién es realmente una opción independiente y quién es producto de un capricho político. Se podrá decir que siempre se depende de alguien y que no se puede ser totalmente independiente, si es así, entonces que se dependa de la sociedad al cien por ciento, eso debería ser el principio de la política sin partidos, una política guiada por las mayorías y los derechos de las personas y no pequeños grupos de poder decidiendo su futuro a costa de todas las personas.